A TI VOLTON
Aun después de todo el tiempo pasado recuerdo como si fuese ahora
mismo lo que sentí al verte por primera vez, es algo que creo que jamás
olvidaré.
Creo que en la vida se pueden tener muchos sueños pero lo cierto es
que siempre hay uno que se desea con todo el alma. Tú para mi fuiste ese sueño.
El día que junté tu camino con
el mío no podía imaginar que llegarías a ser algo tan importante en mi vida.
Sabes que no empezamos con muy buen pie, pero como yo te quise desde
el primer momento mi amor por ti hizo que consiguiéramos tener esa gran
confianza, una confianza que a muchas personas les gustaría tener, y también
que llegaras a quererme como lo hiciste.
Durante todos esos años fuiste
mi confesor, siempre pensaba: “como alguien me vea que te estoy hablando…”,
pero la verdad es que necesitaba hacerlo porque cuando lo hacía me sentía mucho
mejor, sé que seguramente no me entendías y que no podías darme ninguna
respuesta pero solo tu silencio y el sentir con la tranquilidad que me llevabas
encima hacia que me sintiera la persona más comprendida del mundo.
El irme sola contigo y hacer una y mil veces el mismo camino a solas tú y yo… Muchos me decían: “ten cuidado
y no vayas sola que puedes tener una desgracia”. Mi confianza hacia ti era tan
grande, te conocía tanto, sabía tan bien todas y cada una de tus reacciones…
Y como yo ya sabía, jamás me paso nada estando contigo, tú
cuidabas de mí.
Hay un día marcado en mí en el que me demostraste que me querías de
verdad y que estarías dispuesto a hacer cualquier cosa por mí. Al caernos por
mi culpa y tu permanecer quieto en el suelo hasta que yo me apartase de ti para
no hacerme daño… no sabes lo culpable que me sentí al ver cómo esperabas que me
apartase para tú poderte levantar y al hacerlo tu única reacción
fue apoyar tu cabeza sobre mi rodilla, mirándome fijamente con esos ojos y esperando a que estuviera dispuesta a
levantarme y continuar, importándote solamente como estaba yo.
Tuve que dejarte ir, la última tarde que pase junto a ti tenía un
sabor tan amargo, era un sentimiento tan distinto y opuesto al que sentí la
primera vez al verte.
No podía dejar de llorar y abrazarte pidiéndote mil y una vez perdón
por lo que iba a hacer… he llorado tantas veces recordando esa despedida…
Quería impregnarme de tu olor para no olvidarme jamás de cómo era,
mirarte para que jamás se me olvidase tu cara, esa cara tan bonita con media
luna rosadita en el centro, con tus orejas tan características a los que a
tantos les gustaban.
No podía dejar de besarte… por más que lo intento no encuentro la
palabra o adjetivo que describa como me sentí cuando nuestros caminos se
tuvieron que separar.
Decidí no saber cual sería tu nuevo destino asegurándome, eso sí, de
que te fueran a cuidar bien. No quise saberlo, porque si no ya hubiera ido a
buscarte… y eso no era justo.
Te reconozco que desde ese día me cuesta muchísimo volverme a subir a
lomos de otro y que aunque lo haga ninguno huele como tú, ni me escucha como
tú, ni me da esa confianza, ni los entiendo cómo te entendía a ti, con ninguno
tengo esa complicidad, con ninguno he sido capaz de irme sola por ese camino…
hasta que al final me he resignado a no volverme a subir en ninguno más.
Ojala que allí donde estés seas realmente feliz y me conformaría con
que la persona que te cuide te quiera una cuarta parte de lo que yo te quise
porque entonces ten por seguro que te ama realmente.
Judit
Salazar Sánchez